No hay nada muy diferente en la celebración del Día Internacional de la Mujer este año, sino que la situación es aún hoy más precaria y que afecta a muchas jóvenes trabajadoras. Antes de la pandemia del Covid-19, las jóvenes trabajadoras ya sufrían. Sus condiciones en los lugares de trabajo hicieron que muchos de sus derechos fueran olvidados o violados. Con la crisis del Covid-19, las jóvenes trabajadoras en particular son más afectadas, no solamente a nivel de los riesgos sanitarios, sino igualmente a nivel del impacto económico.
Los Movimientos Internacionales de Acción Católica Especializada (MIACS) representan a más de 500 movimientos en el mundo con una gran diversidad de países y de medios. Un año de intercambio acerca de las incidencias del Covid sobre sus miembros respectivos ha llevado a la convicción común de que un “sistema que no llega a resolver problemas […] debe cambiar”. La pandemia agrava brutalmente los problemas preexistentes como el desempleo, las desigualdades entre géneros, entre ricos y pobres al interior y entre países, como lo demuestran los diversos estudios realizados por el MIDADE, la FIMARC y la JOCI.