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La juventud trabajadora se une por un trabajo y una vida dignos

El XVI Consejo Internacional de la JOCI refuerza la solidaridad y el compromiso hacia la acción para el periodo 2027-2030

¿Qué significa construir un movimiento internacional cuando los/las jóvenes trabajadores/as se enfrentan a la precariedad laboral, al aumento del coste de la vida y a un futuro cada vez más incierto? Del 9 al 21 de octubre de 2026, esta pregunta reunió a más de 50 delegados/as y participantes de los movimientos nacionales de la JOCI de cuatro continentes en el Centro de Formación Angels Hills, en Tagaytay City (Filipinas), con motivo del XVI Consejo Internacional de la Juventud Obrera Cristiana Internacional (JOCI).

Estos/as compartieron experiencias procedentes de los lugares de trabajo, los barrios y los grupos de base. A través de la reflexión colectiva, la formación práctica y el debate democrático, el Consejo relacionó estas experiencias y desarrolló una orientación común para los próximos años. La piedra angular de ese compromiso fue el Plan de Acción Internacional (PAI) para 2027-2030, guiado por el lema: “¡Jóvenes trabajadores/as, uníos por un trabajo y una vida dignos!”.

Definir una dirección común más allá de las fronteras

A pesar de las diferencias entre países, los/las delegados/as identificaron numerosas luchas comunes: el desempleo, el trabajo precario, los salarios insuficientes, la discriminación y la protección social limitada. Discutieron el impacto que estas condiciones tienen en la salud mental, el acceso a la educación, las responsabilidades familiares y la posibilidad de construirse una vida independiente.

El Consejo creó un espacio donde analizar colectivamente estas experiencias y relacionarlas con estructuras económicas y políticas más amplias. Los problemas que a menudo se vivían como cargas personales se convirtieron en puntos de partida para reivindicaciones comunes y solidaridad internacional.

Christine, una delegada de la JOC Filipinas, destacó que el Consejo Internacional es un espacio importante que permite a los/las jóvenes aprender de las experiencias de diferentes movimientos nacionales. Igual de importante, como explicó, es la oportunidad de establecer un objetivo y una dirección comunes para los próximos años en cuanto movimiento internacional unido.

Su reflexión capta un impacto fundamental del Consejo: el fortalecimiento del vínculo entre las luchas locales y un propósito internacional colectivo. Los/las delegados/as pudieron reconocer sus propias realidades en las experiencias de los demás, reconsiderar sus acercamientos y plantearse lo que podrían lograr juntos/as.

Una educación que prepare a los/las jóvenes trabajadores/as para la acción

A lo largo del Consejo, la educación se mantuvo estrechamente vinculada a la acción. Las sesiones sobre el método “Ver-Juzgar-Actuar” y la Revisión de vida y acción obrera animaron a los/las delegados/as a superar la mera descripción de los problemas e ir comprendiendo sus causas, definiendo reivindicaciones y elaborando respuestas colectivas.

Los intercambios entre los movimientos nacionales hicieron que este proceso se concretara. Las experiencias relacionadas con los/las trabajadores/as contratados/as, las acciones colectivas y las formaciones sobre derechos laborales, así como las cocinas comunitarias, los huertos colectivos y las iniciativas medioambientales brindaron oportunidades para examinar cómo la acción se desarrolla, qué dificultades surgen y cómo los/las jóvenes aprenden asumiendo responsabilidades.

Rosa, una delegada de la JOC Venezuela, destacó la importancia del Consejo como espacio para debatir tanto las realidades vividas por los/las jóvenes hoy en día como aquellas a las que podrían enfrentarse en el futuro. En un contexto de crisis continuas, la delegada planteó una pregunta fundamental: ¿cómo debería responder la JOCI en cuanto movimiento de educación por, entre y para los/las jóvenes trabajadores/as?

Esa pregunta le confiere al Plan de Acción Internacional su finalidad educativa y política. Los/las jóvenes trabajadores/as deben disponer de los medios necesarios para entender las fuerzas que modelan sus vidas, organizarse con otros/as e influir en las decisiones que les afectan. El Consejo reforzó su papel como impulsores/as de este proceso.

Un compromiso para un trabajo y una vida dignos

El PAI para 2027-2030 plasma esta orientación en tres ámbitos interrelacionados: Trabajo justo; Vida, igualdad y medio ambiente; Educación de calidad.

En la parte Trabajo justo, el compromiso consiste en organizarse para lograr mejoras concretas con respecto a los salarios, los contratos, los horarios laborales, la seguridad en el lugar de trabajo y la protección social. Se presta especial atención a los/las trabajadores/as informales, domésticos/as, inmigrados/as y de plataformas, quienes, debido a sus condiciones, quedan a menudo expuestos/as a la explotación y la exclusión.

El plan vincula la educación sobre los derechos con las reivindicaciones colectivas. Las investigaciones en el lugar de trabajo, los testimonios y los grupos regulares de trabajadores/as pueden respaldar las campañas a favor de contratos escritos, el pago de salarios atrasados, equipos más seguros y el acceso a la seguridad social. La cooperación con sindicatos independientes y otros aliados puede también ayudar a sostener estos esfuerzos.

En la parte Vida, igualdad y medio ambiente, se reconoce que la dignidad también requiere una vivienda, asistencia médica y servicios de atención asequibles, relaciones comunitarias y un entorno saludable. Se vincula el bienestar mental con las presiones ejercidas por el trabajo precario y las dificultades económicas, al mismo tiempo que se promueven espacios donde los/las jóvenes pueden compartir experiencias y apoyarse mutuamente.

La igualdad de género forma parte de este compromiso, tanto en la acción pública como en las propias prácticas del movimiento. Apoyar el liderazgo de las jóvenes mujeres, compartir las responsabilidades de cuidado y prevenir la violencia y la discriminación son condiciones necesarias para garantizar una participación equitativa. El plan también insta a que los/las jóvenes migrantes, refugiados/as y LGBTQIA+ ayuden a liderar las acciones que les conciernen.

La parte Educación de calidad aborda las barreras que impiden a los/las jóvenes trabajadores/as acceder a estudios, continuarlos o acabarlos. Aboga por una educación y formación accesibles, prácticas remuneradas y protegidas, y transiciones más justas hacia un empleo seguro. Además de las habilidades prácticas, promueve la conciencia crítica, el conocimiento de los derechos y la capacidad de organizarse para el cambio social.

En conjunto, estas prioridades reflejan una posición clara: la economía, las instituciones públicas y el desarrollo tecnológico deben estar al servicio de la dignidad y el bienestar de las personas.

Incorporar el Consejo en las luchas cotidianas

El impacto inmediato del Consejo se manifiesta en las relaciones fortalecidas, el aprendizaje realizado, el liderazgo renovado y la dirección común forjada a través de la participación. Su impacto duradero dependerá de cómo se consolidarán estos resultados una vez que los delegados regresen a sus países.

El PAI ofrece una base para esa labor. Se invita a los movimientos nacionales a elegir prioridades alcanzables ancladas en las realidades de los/las jóvenes trabajadores/as, a identificar demandas y responsabilidades claras, y a evaluar los cambios que producen sus acciones. Los intercambios internacionales y la solidaridad pueden ayudar a los movimientos a aprender unos de otros y a mantener sus esfuerzos.

El progreso será visible cuando los/las trabajadores/as consigan sus derechos, los/las jóvenes superen los obstáculos a la educación, las mujeres ganen mayor espacio en los puestos de liderazgo y los grupos de base se fortalezcan. También será visible cuando los/las jóvenes trabajadores/as que antes se sentían aislados/as adquieran la confianza necesaria para expresarse, organizarse y actuar junto a otros/as.

El Consejo se cierra, pero el trabajo sigue adelante. Desde Tagaytay hasta los lugares de trabajo y las comunidades de los cuatro continentes, los/las jóvenes trabajadores/as comparten la determinación de organizarse, enfrentarse a la injusticia y lograr un cambio duradero. Apoyándose en el PAI 2027-2030, están convirtiendo la solidaridad en poder colectivo. Juntos/as, podemos hacer realidad el trabajo y una vida dignos.

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